Mi historia en Cuenca - Andrea Pinos

Actualizado: jun 26


Haber nacido en Cuenca me hace sentir muy orgullosa, pues mi ciudad es la más hermosa de mi país, Ecuador. Cuenca, es una ciudad llena de tradiciones y culturas, entre ellas la mayoría siguen un legado, algo que nuestros antepasados se han encargado de transmitirnos. Desde mis bisabuelos, que son las personas más antiguas que recuerdo, se que ser cuencana es una fortuna, pues no todos nacen cerca de tantas maravillas como lo tiene Cuenca. Algo que llama mucho mi atención desde que soy niña, son las cholas cuencanas, nuestro símbolo, aquellas mujeres que son orgullosas de transmitir la verdadera identidad cuencana, al usar sus polleras, que con sus múltiples colores realzan la belleza de esa mujer. Mujeres que lucen en su vestimenta un tejido que tiene historia, trayecto, un tejido que nos permite unirnos con el pasado, y así permitirnos conectarnos con lo que nos pertenece. En mi mente, siempre tengo el recuerdo de ver a las cholas cuencanas lavando la ropa a las orillas de los ríos, ríos que tan solo realzan la hermosura de mi ciudad. 


Vivir cerca del Río Tomebamba, me ha permitido establecer relaciones muy profundas con la naturaleza, aparte de motivar aún más mi impulso de aventura, de conocer mi ciudad, mi país, más a  fondo. 


Me considero una mujer arriesgada, me gusta experimentar diversas emociones, emociones que las vivo totalmente cuando me conecto con la pachamama, con lo que me rodea. 

Conectarme con mi medio natural ha cambiado mucho de mi esencia y mi manera de pensar, pues cuando estoy conectada con la naturaleza he aprendido a valorar las cosas simples, sencillas que tiene la vida, en llenarme de orgullo cuando llego a subir a la cima de alguna montaña, y esto lo he logrado por completo en otra maravilla que está cerca de Cuenca, El Cajas, parque nacional que guarda tantas historias, fauna, flora, pero principalmente magia. 

Esta reserva nacional acoge muchas lagunas, animales, aves, flora, pero principalmente nos acoge a nosotros cuando vamos a visitarlo. Puedo decir que este es mi lugar favorito, pues cuando estoy en él me siento aún más libre, tranquila, relajada y con muchas ansias de seguir conociendo y llegar a la montaña más alta para poder admirar. 


Cuando uno llega a establecer una conexión con algo o con alguien es muy difícil dejarlo ir, y creo que eso me pasó con esas ganas de subir montañas, de escalar, caminar, que se que mientras lo hago, el viento, el sol, las nubes y las aves me acompañan. Pero antes de subir una montaña, me encanta primero detenerme a admirar en silencio de lo que estoy rodeada, ver esas majestuosas montañas, hablar y contarle al agua lo que puedo estar sintiendo o pensando, sentir el césped en mi manos y en mi cuerpo, abrir los brazos y sentir al viento en todo mi ser, y pensar que se lleva todo lo negativo que puedo tener en ese momento. Por eso digo que el Cajas es mágico, pues siento que me renueva y me hace sentir viva por completo. 


Cuando observo esas montañas tan altas, me desafío a mí mismo, retándome a subirlas, a conocer más de ellas, y de paso a conectarme con todo aquello que formó parte de ese lugar tiempo atrás. Si la emoción de estar abajo es increíble, no se imaginan la adrenalina que se siente cuando estás de pie en una de ellas, de esas que capaz parecían imposibles de llegar, pero que con ganas y esfuerzo lo logras. Hoy en día nos estamos dando cuenta que nuestro medio natural necesitaba un respiro, una pausa, la naturaleza es tan sabia que me ha enseñado a ir más despacio, detenerme en el tiempo, y digo detenerme porque cuando estoy en ella pierdo esa conexión con mi celular, este me sirve solo para tomar fotos y así tener recuerdos de donde haya estado, pero pierdo el interés en estar conectada y pendiente de lo que está pasando en mi trabajo, en mi casa, etc. Trato de ir con más sentido, con más calma, cada paso que doy para subir la montaña tiene mayor intención, mayor intención de querer lograr establecer relaciones con todo aquello que puedo tener a mi lado, conversaciones más reales con las personas que pueden estarme acompañando, relaciones con aquel caballo silvestre o llama que puedo toparme en mi camino, hasta la más simple relación con aquella flor que puedo apreciar mientras doy pasos lentos y con un respiro más consciente y profundo.


Siempre recuerdo una frase de Van Gogh “Si realmente amas la naturaleza, encontrarás belleza en todas partes”, que frase tan real, pues creo que la naturaleza te da los retratos de belleza más auténticos que pueden apreciar tus ojos. Sin tan solo empezariamos a valorar más de lo que estamos rodeados, de lo que somos, seríamos más conscientes del orgullo que es nacer en Cuenca, y sentirnos alegres de cuando escuchamos sonar la chola cuencana y decir yo nací ahí, esa es mi ciudad, mi identidad. 



Being born in Cuenca makes me feel very proud because my city is the most beautiful in my country, Ecuador. Cuenca is a city full of traditions and culture, most of them following a legacy, something that our ancestors have passed on to us. My great-grandparents, who are the oldest people I know, told me that being from Cuenca is a fortune, because not everyone is born near as many wonders as Cuenca is. Something that has called my attention since I was a child, are the cholas Cuencanas our symbol, those women who are proud to transmit the true Cuencan identity, by wearing their skirts, which with their multiple colors enhance the beauty of that woman. Women who wear a fabric that has a history, a path, a fabric that allows us to unite with the past, and thus allow us to connect with what belongs to us. In my mind, I always have the memory of seeing the cholas Cuencanas washing their clothes on the banks of the rivers, rivers that only enhance the beauty of my city. 


Living close to the Tomebamba River has allowed me to establish very deep relationships with nature, apart from motivating my impulse for adventure even more, to get to know my city, my country, in greater depth. 


I consider myself an adventurous woman, I like to experience various emotions, emotions that I experience totally when I connect with the Pachamama, with what surrounds me. 

Connecting with my natural environment has changed a lot of my essence and my way of thinking, because when I am connected with nature I have learned to value the simple things that life has, in filling myself with pride when I get to climb to the top of a mountain, and this I have achieved completely in another wonder that is near Cuenca at El Cajas, a national park that keeps so many stories, fauna, flora, but mainly magic. 

This national reserve holds many lagoons, animals, birds, flora, but mainly it holds us when we go to visit it. I can say that this is my favorite place, because when I am in it I feel even more free, calm, relaxed and with many desires to continue knowing it and to arrive at the highest mountain to be able to admire it. 


When one gets to establish a connection with something or someone it is very difficult to let go and I think that happened to me with that desire to climb mountains, to climb, to walk, that I know that while I am doing it, the wind, the sun, the clouds and the birds are with me. But before climbing a mountain, I love to first stop and admire in silence what I am surrounded by, to see those majestic mountains, to talk and tell the water what I may be feeling or thinking, to feel the grass in my hands and in my body, to open my arms and feel the wind in my whole being, and to think that it takes away everything negative that I may have in that moment. That's why I say that El Cajas is magical because I feel that it renews me and makes me feel alive completely. 



When I look at those high mountains, I challenge myself to climb them, to know more about them, and to connect with everything that was part of that place long ago. If the emotion of being down there is incredible, you can't imagine the adrenaline that you feel when you stand on top of them, one of those mountains that seemed impossible to reach, but that you manage to do with desire and effort. Today we are realizing that our natural environment needed a break, a pause, nature is so wise that it has taught me to go slower, to stop in time, and I say stop because when I'm in it I lose that connection with my cell phone, it only serves me to take pictures and thus have memories of where I've been, but I lose interest in being connected and aware of what is happening in my work, at home, etc. I try to go with more sense,  more calm, each step I take to climb the mountain has more intention, more intention of wanting to establish relationships with everything that I can have by my side, more real conversations with people who may be accompanying me, relationships with that wild horse or Llama that I may encounter on my way, even the simplest relationship with a flower that I can appreciate while I take slower steps and a more conscious deeper breath.


I always remember a phrase from Van Gogh "If you really love nature, you will find beauty everywhere", what a real phrase, because I believe that nature gives you the most authentic beauty portraits that your eyes can appreciate. If we would only begin to value more what we are surrounded by and what we are, we would be more aware of the pride that is being born in Cuenca, and feel happy when we hear the sound of the chola Cuenca and say I was born ere, that is my city, my identity. 


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